Un esguince parlamentario (I)

Me ha dado por escribir a lo loco, casi a oscuras y con el tobillo en alto. Tras varios días inhibiendo la síntesis de prostaglandinas vía oral, por la mañana, después de comer y antes de dormir; el único analgésico capaz de hacerme olvidar el dolor es la escritura. Redención.

Ayúdenme a buscar un culpable. Yo os propongo cinco presuntos: unas escaleras de mármol asesinas, el estrés, un bisoño con ansia de llegar a todos lados, la ambición, unas zapatillas demasiado casual para este oficio, el azar y el destino. Nadie podrá negarme que el azar es sospechoso: “Le podría haber pasado a cualquiera”, me dicen algunos compañeros por teléfono para darme algo de ánimo. Yo no lo veo así. Que mi último día como reportero para informativos, don Congreso me pusiera la zancadilla por su lengua escalonada de mármol, la que hay dentro del túnel y lleva hasta las nuevas dependencias de los grupos parlamentarios, es cuanto menos un aviso caprichoso: ¿del destino?.  La risa de los leones.

Congreso 1, Mario 0.

Volveré.

Mientras tanto: “mucho reposo, póngase frío local cinco veces al día y mueva los deditos del pie cada cierto tiempo”. ¿El meñique también? Sigamos buscando culpables, al menos hasta que el dolor del esguince mengüe. O se acabe la batería del portátil…. Redención.

Continuará…

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