Sensación desconocida

Te acostumbras a vivir con sensaciones repetidas. Se hacen hábito. Te encuentras bien y tu vida va sobre ruedas. Un día sales a la calle y conoces a una persona. Piensas que es otra sensación repetida, pero al rato te das cuenta de que no. Otro día vuelves a notar esa sensación y confirmas que es diferente. No te la puedes quitar de la cabeza, te trastoca el cuerpo y mente. Quizás sea su mirada pícara, su olor o su presencia, la que al verla te produce una sonrisa, un chispazo que recorre todo tu cuerpo. Apenas conoces a esa persona, pero esa extraña sensación te hace meditar por primera vez si serías capaz de cambiar tu vida, aparcar todo lo que tienes y saltar al vacío. Inseguridad. Vértigo. ¿Nunca lo has notado? Pues si lo notas más vale que abras los ojos, y dejes el miedo a un lado. Lo que importa no es lo que dejes atrás, sino lo que viene por delante. Te preguntarás cómo ha llegado esa sensación hasta ti. Pero eso ya da igual. Bastaba con que ese día simplemente no hubieras estado ahí en ese preciso instante para que toda esta cuestión no fuese planteable.

Así es de caprichoso el destino: una rueda de sensaciones vitales que gira hacia adelante.
No dejes escapar esa sensación sólo porque sea desconocida.

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