No convirtamos nuestra fortaleza en una debilidad

No hace mucho un joven palestino de 16 años fue quemado vivo por ultranacionalistas judíos como respuesta a los asesinatos de tres estudiantes israelíes en la ciudad palestina de Hebrón. Abu Jedeir era un chico normal que tuvo el infortunio de pasear por la calle justo cuando una oleada de ataques racistas sacudía la ciudad. Nadie grabó su muerte ni tampoco hay documentos fotográficos de aquella atrocidad. En algunos medios la noticia pasó casi inadvertida y en otros ni siquiera llegó a publicarse.

Esa noticia olvidada me vino a la mente porque desde que el autodenominado Estado Islámico ha convertido los asesinatos en un producto audiovisual, muchos medios y periodistas nos replanteamos si debemos difundir esos vídeos tan despiadados e inhumanos. Uno puede pensar que forma parte de nuestro deber acercar la realidad y hacer ver al mundo lo que están haciendo esos desalmados, pero no debemos caer en la trampa, porque no todo es publicable. Y no es publicable el asesinato del piloto jordano porque al hacerlo nos convertirnos en cómplices de los terroristas – hay que recordar que el vídeo es una estrategia propagandística del IS para esparcir el horror –  ya que les estamos facilitando nuestros canales informativos para transmitir su mensaje. No es publicable el vídeo porque la muerte no es una mercancía. Puedes pensar entonces que somos unos hipócritas: emitimos las terribles imágenes de la guerra y no este vídeo. Y en este juicio nos defendemos diciendo que las primeras son las consecuencias injustas del horror bélico y lo segundo puede ser la causa premeditada de convertir en cotidiano un espectáculo inhumano para las masas.

El ejercicio de lo que es publicable y lo que no es una responsabilidad que seguimos teniendo con la sociedad. Y yo no quiero para mi sociedad que el terrorismo se convierta en un producto al que podamos hacerle Likes en Facebook. Distinguir la frontera entre el interés informativo y la propaganda del horror es una de las pocas facultades de la que todavía somos propietarios en el ejercicio de nuestra profesión.

Asumimos nuestra derrota al no haber prestado la suficiente atención al cruel crimen del joven Abu Jedeir quemado vivo, pero la sobreexposición explícita del asesinato del piloto jordano no debe ser justificable en ningún caso porque tengamos un documento informativo de calidad. No debemos convertir una de nuestras fortalezas en debilidad, ni dar lugar a que ahora los grupos terroristas consigan su notoriedad convirtiendo las muertes en un espectáculo para las masas. Al menos, yo no estoy dispuesto a asumir esa responsabilidad.

 

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