La paradoja Española

Es curiosa la paradoja: España tiene que centrar sus esfuerzos para frenar a unos ilusos e ignorantes independentistas que se quieren largar sea cual sea el precio – pero buscando la manera de pertenecer a Europa, claro, eso sí –  mientras que por otro lado,  intentamos por todos  los medios que nuestros desempleados y nuestros jóvenes titulados – los que quieren quedarse tengan una salida digna hacia un mejor porvenir, véase: Alemania, Francia o donde mejor sople el viento.

Hasta no hace mucho las familias abandonaban  a los ancianos que tanto invirtieron en ellos en unos Resorts seniles, como si de trastos inútiles se tratasen. Que eso de mantener al abuelo en casa era una carga muy dura, un lastre insoportable dentro del confort familiar que no tendríamos porque aguantar y bajo ese consensuado pensamiento de:Allí, estarás mejor Papá,  con gente de tu edad y continuamente atendido”  sabiendo de sobra que el mejor destino que les esperaba era el cobijo de la gran cultura que los canales de televisión les podían ofrecer por 15€ de suplemento al mes – véase: telecinco, antena 3, la sexta, cuatro –  en esa microtelevisión situada a 1,90 metros de altura y que junto a la pared y el respaldo de sus cama, formaría un triángulo  de 32 grados.

Ahora, las familias españolas suspiran porque el viejo de turno no la palme, que no le de un patatúun yuyu, ya que la pensión tiene que sostener el núcleo familiar, que las recetas rojas tienen que costear  las medicinas, y que el empadronamiento de los hijos en ese techo ofrecerá las matrículas reducidas de la universidad.

Por eso digo que mientras tenemos que luchar para que nuestro territorio no se rompa en añicos por culpa de unos inoportunos que se quieren largar de este, nuestro barco español; por contra estamos condenando y con una patada en el culo  hacia el extranjero a los 54.912 jóvenes españoles que en un futuro próximo tendrán – si es que vuelven – que proteger  los territorios que por unos años creíamos que sustentaban la base de una gran potencia económica. Sí,  esa que se  ha ido al garete sin darnos cuenta.

Menos mal que en España, la familia  todavía sigue siendo uno de los pocos valores añadidos que podemos presumir de exportar. Pero ojo, ya veremos hasta cuando nos duran esos valores, ya veremos hasta cuando los viejos siguen con vida.

 

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