La Dama Fetén

La conocí con los ojos vendados. Una resacosa voz que me inspiraba confianza. Hasta entonces mi pensamiento sobre ella era la de una chabacana camarera de discoteca con aires presuntuosos, beneficiados por unas femeninas curvas y unos pechos voluminosos de los que raramente presume al viento.

Mi prejuicio sobre ella era negativo. Una de muchas adonis sobradamente preparadas para cautivar con una sonrisa sin mascar palabra. Precisamente por ello, ese día aprendí a no prejuzgar a las personas sin llegar a conocerlas. Una lección importante para el resto de mis días, pues esa persona posee unos valores de los que muchos y muchas que nos rodean carecen, incluido el firmante de estas palabras.

No me gusta como viste ni cómo se recoge su pelo. Sin embargo, adoro sus gestos, su naturalidad y la forma con la que trata a los demás. Una perspectiva sociológica que define su autenticidad es la manera en la que ella misma se describe, pero, como esta descripción depende del prisma con la que yo la veo, la detallaré como una chica natural, que sabe escuchar, dulce y comprometida. Ella posee una aire vintage del que se enorgullece sin importar lo que cada cual pueda pensar sobre ella.

Si tuviera que tacharla de algo sería en todo caso de ser una dama fetén.

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