Junio siempre nos seduce

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Junio tiene todo lo que al asqueroso noviembre le falta. Es un reloj de arena de treinta días que avanza inversamente proporcional al termómetro que lleva incorporado. Junio nunca falla y todo lo que promete lo cumple entre Julio y agosto. Junio es mi mes favorito, siempre lo fue.

Sus noches dan respiro al aliento expulsado durante el día. Sin embargo, su brisa nocturna – al menos donde yo vivo- provoca el recelo de las féminas, porque en junio nunca sabrán si lo que llevan puesto es demasiado poco ante la humedad que pueda surgir o, por contra, el exceso de atuendo supondrá el sofoco del bochorno y una barrera a la feminidad. Un muro a las miradas avispadas que surgen de los cruces de piernas y los escotes vertiginosos.

Lo que hace que este mes sea emocionante son las incertidumbres. La dura pugna por la lucha de los propósitos que nos hemos propuesto en meses tan desleales como noviembre. Todas esas intenciones nacieron en algún luctuoso momento. En junio no se hacen propósitos: se efectúan, se declinan o se aplazan. Y si estos son cumplidos, el deleite es máximo. El éxtasis se apodera de nosotros. ¿Conocéis a alguien que se proponga retos en momentos de máximo regocijo? ¿Conocéis a alguien que quiera viajar mientras está viajando? ¿Quién piensa durante el orgasmo?

Que se lo pregunten a todos esos jóvenes que se bañaron en el delirio y el arrebato tras selectividad. Que se lo pregunten a todas esas asignaturas que alguna vez tuvimos que aplazar para septiembre; a todas esas lágrimas que nacieron de las falsas ilusiones o a las que recorren las curvas de los cuerpos que quieren modelarse para el verano en esas bicicletas de gimnasios; a todas esas máquinas de refrescos que se acurrucan en las esquinas de las universidades y que se apoderan de las noctívagas conversaciones que solemos compartir con nuestras camaradas mientras introducimos las monedas. Sí ellas hablaran… También a todos esos sanjuanes a los que nuestros oídos no quisieron escuchar por los motivos que fueren o en los que tuvimos la oportunidad de quemar nuestros desasosiegos en una hoguera o bajo el calor de un abrazo y unos besos húmedos que ya quedaron para el recuerdo de nuestros días.

Me gusta junio porque durante estos últimos 24 años me hizo reír y llorar. Me enseñó a la persona en la que no quería convertirme y también me dio la oportunidad de buscar otro camino como el que ahora emprendo.Me gusta junio porque a las nueve de la noche sigue siendo de día, y a las diez el cielo sigue resistiendo a la opacidad del crepúsculo. Me gusta por esas noches compartidas e infernales hasta las cinco de la madrugada apurando trabajos bajo la ironía y las bromas de quienes me acompañan al otro lado del whatsapp. Me gusta Junio porque siempre hay alguien que quiere proponerte un plan exótico para romper con la rutina de los exámenes, un plan que en otro mes sería intrascendente, insípido o anodino.

Me gusta porque cada 16 de Junio vuelvo a recordar con la ayuda de la familia y los amigos todos los anteriores que ya he cumplido. Cada cual lo celebra a su manera y como puede. Claro que hubo Junios mejores, más fogosos y con menos incertidumbres…

¿Pero, y los junios que nos quedan por descubrir?

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