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Mario Vera

¡Cuántas víctimas, cuánta sangre y cuánto dolor ha causado la cuestión de las fronteras! No tienen fin los cementerios donde yacen  aquellos que murieron en el mundo defendiéndolas. Igual de infinitos son los cementerios de los osados que intentaron ampliar las suyas. Podríamos dar por sentado que la mitad de los que pasaron por nuestro planeta y murieron en el campo del honor exhalaron el último suspiro en batallas de frontera. Esta sensibilidad por la cuestión de las fronteras, ese afán incansable de marcarlas, de ampliarlas o defenderlas todo el tiempo, no solo es propio del hombre, sino también de toda la naturaleza viva, de todo lo que se mueve en la tierra, en el agua y en el aire.

Ryszard Kapuscinski – El Imperio

Sube la marea

Ella no lo sabe, pero destila una aire fresco que no lo percibía en nadie desde hacía mucho tiempo. Es verdad que los aires cambian... Read More

Al estilo Grazia

Conocí la revista Grazia porque en uno de los sitios de Cartagena que suelo frecuentar, tanto para tomar un buen asiático como para  cenar con mis amigos... Read More